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Reseña historica… Antiguo Reino de Galicia.

Los orígenes del Reino de Galicia. As sete provincias do Antigo Reino de Galicia

Empecemos por entender España…

HISPANIA ROMANA. ESPAÑA, PROVINCIA ROMANA.

Muchos son los estudios que se han realizado a lo largo de la historia en lo concerniente al término España y su etimología. En el caso de España, como en el resto de los topónimos europeos, viene de la época clásica, del esplendor de Atenas y de Roma, dueños del Mediterráneo. En su libro, Estrabón (63-21 d.c.) un griego en Roma en época de Augusto, discípulo de Posidonio, escribe su obra en 17 libros, y el tercero lo dedica a Iberia. La principal fuente de Estrabón es Agripa, censor en Hispania. En ese libro III, Estrabón hace una descripción geográfica y etnográfica de la península ibérica. Como todos los autores de la época augusta, el fin de la obra de Estrabón es la paz augusta, ya ha llegado la civilización a todo el mundo conocido y solo faltaba Hispania, con la pacificación de cántabros y astures. Estrabón define el territorio de la península ibérica (desde los pirineos hasta el estrecho de Gibraltar) como Iberia. Dentro de la tradición griega mitológica, Iberia es una de las regiones donde se sitúan parte de las hazañas de Heracles. Tierras extrañas y mágicas, ya que era el fin del mundo conocido.

“Con el nombre de Ibería los primeros griegos designaron todo el país a partir del Rhodanos y del isthmo que comprenden los golfos galáticos; mientras que los griegos de hoy colocan su límite en el Pyrene y dicen que las designaciones de Iberia e Hispania son sinónimas y a sus partes las han llamado ulterior y citerior.”. Estrabón, Geografía III, 4, 19.

Es el romano Tito Livio (59-17 d.c.) el que escribe la Historia de Roma (Ab urbe condita) en 142 libros. Es una obra bien documentada ya que al ser cercano al círculo de Augusto, se le permitió consultar el archivo de Roma. Es el fragmento XCI uno de los que nos queda con referencia a la península. Los libros XX-XXXXV abarcan desde la toma de Sagunto hasta los primeros cincuenta años de la ocupación y dominación romana de la península. La importancia de Tito Livio es que es el primer autor que cita Hispania como España. Adolf Schulten supone que Tito Livio tomaría el término de los escritos de Catón.

“En Occidente, casi toda Hispania estaba pacificada, a excepción de la parte que toca las últimas estribaciones de los Pirineos y que baña el océano Citerior. En esta región vivían pueblos valerosísimos, los cántabros y los astures, que no estaban sometidos al Imperio. Fueron los cántabros los primeros que demostraron un ánimo de rebelión más resuelto, duro y pertinaz. No se contentaron con defender su libertad, sino que intentaron subyugar a sus vecinos los vaceos, turmogos y autrigones a quienes fatigaban con frecuentes incursiones. Teniendo noticias de que su levantamiento iba a mayores, César no envió una expedición, sino que se encargó él mismo de ella. Se presentó en persona en Segisama e instaló allí su campamento. Luego dividió al ejército en tres partes e hizo rodear toda Cantabria, encerrando a este pueblo feroz en una especie de red, como se hace con las fieras (…). Los astures por ese tiempo descendieron de sus nevadas montañas con un gran ejército (…) y se prepararon a atacar simultáneamente los tres campamentos romanos.

La lucha contra un enemigo tan fuerte, que se presentó tan de repente y con los planes tan bien preparados, hubiera sido dudosa, cruenta y ciertamente una gran carnicería, sino hubieran hecho traición los brigicinos (…). Estas luchas fueron el final de las campañas de Augusto y el fin de la revuelta de Hispania”. Tito Livio, Ab urbe condita.

Existen otras fuentes literarias que en sus obras se refieren a España, también con el nombre de Hispania, autores como Avenio, el ya citado Estrabón, Pomponio Mela, Plinio el Viejo, Claudio Ptolomeo, Polibio, Cayo Julio Cesar, Pompeyo Trogo, Diodoro Siculo, Floro… Refiriéndonos ya en concreto al término Hispania, y ya centrados en le Edad Media, según San Isidoro de Sevilla, y como dice en su obra Etimologias hay quien afirma que el termino puede estar relacionado con el héroe Híspalo. Otras corrientes afirma que en la palabra latina existe una raíz fenicia que tendría que ser -pn y -pl. La palabra de origen sería la primera, de donde derivaría la segunda. Así, el termino fenicio spn, saphan, definido como conejo, pasaría a denominar Hispania como “tierra de conejos”, debido a la abundancia de este animal en la península, ya que en Oriente no se encuentran conejos. El alemán Adolf Schulten, deriva la palabra I-spn-ia del fenicio i-saphan-im, “isla o costa de conejos”, que explicaría mejor la palabra romana i-span-ia → Hispania.

José Luis Cunchillos sugiere otra teoría más aceptable, descartando “Hispania” como una “tierra de conejos”. No obstante, no descarta que Hispania se originase en el mundo fenicio a finales del segundo milenio. De este modo, el término I+spn+ya, significaría “costa de metales”, o mejor, “isla donde baten o tañen metales”. Span, de raíz, + spy, significaría “revestir de placas de metal”. La terminación “ya” se explicaría como terminación del nombre del oficio. Esta explicación parece la más aceptable, ya que los fenicios venían a Hispania a por los metales, y no a por conejos.

“Hispania es más fértil que Galia y África, pues ni le abrasa el sol violento como a África, ni vientos continuos la azotan como a la Galia; por el contrario, situada entre dos, goza de una parte de una temperatura buena, y por otra de lluvias abundantes; por ello es rica en toda clase de frutos.” Pompeyo Trogo, recogido por Justino (siglo III d.C.)

“Inmediatamente después (de Italia), y exceptuando las fabulosas regiones de la India, he de habla de Hispania, al menos, de las regiones costeras; es (Hispania), en verdad, pobre en parte, pero donde es fértil, da abundancia de cereales, aceite, vino, caballos y metales de todo tipo, igual que la Galia, pero Hispania le gana por el esparto de sus regiones desérticas, por la belleza de sus colorantes, por su espíritu por el trabajo, por sus esclavos robustos, por la resistencia de sus hombres y por su corazón vehemente.” Plinio el Viejo, Historia Natural.

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La presencia romana de la península Ibérica se prolongó desde finales del siglo III a.C., momento en que se inició la conquista, hasta principios del siglo V d.C., cuando el desmembramiento del Imperio favoreció el asentamiento en Hispania de algunos grupos de pueblos germánicos como los vándalos, alanos y suevos y posteriormente los visigodos.

Como ya se ha visto en el punto anterior, tras la conquista romana, Hispania pasa a ser una de las provincias del imperio, siendo lugar codiciado por pretores y cónsules, que hacían aquí sus riquezas para hacer luego carrera en Roma. El hecho de la presencia romana en España, se debe al peligro del dominio cartaginés del suelo peninsular y su poderío en el Mediterráneo occidental. Roma, una vez expulsados los cartagineses del suelo hispano, no se limita a ocupar el territorio, sino que impone su lengua y su derecho, su religión, arte y literatura, su organización social y política a todos los pueblos prerromanos, aunque no en todas partes con la misma intensidad.

La conquista (o reconquista del suelo español de los pueblos indígenas del yugo cartaginés) se produce en tres etapas. En la 1ª fase, tras el asedio de Sagunto, se conquista la zona mediterránea, (209 a.C. Cartago Nova, 206 a.C. Gades). Al comprobar las riquezas de la península deciden instalarse, conquistando rápidamente las zonas del este y el sur, los pueblos que más en contacto habían estado con los colonizadores. Una 2ª fase, se resume en la conquista del centro y del occidente peninsular, zonas en las que encontraron fuerte resistencia de los nativos produciéndose largas y costosas guerras, como las guerras lusitanas (154-137 a.C.) y las guerras celtibéricas (154-133 a.C.). La aparición del guerrero lusitano Viriato dará problemas a la dominación de roma, aunque el conflicto se solucionará tras la muerte de éste (asesinado por sus generales). El largo asedio de Numancia, junto con la muerte de Viriato, son los dos hitos que mejor simbolizan esta resistencia ante el invasor romano, que primero fue, como se ha dicho, liberador del yugo cartaginés. Por último, la 3ª fase, que se da en tiempos de Augusto (29-19 a.C.), se produce el sometimiento de los pueblos del norte (cántabros, galaicos, astures y vascones). De este modo, queda pacificado todo el territorio romano, comenzando la era da la “paz augusta”.

La posesión íntegra del territorio peninsular, permite a Roma la explotación económica de la península. En Hispania destacaba en agricultura el cultivo de la vid, el olivo y el trigo; la ganadería ovina; las salazones de pescado; la minería del oro, la plata, el cobre, el plomo y el estaño; y la producción artesanal de cerámica, orfebrería y mosaicos. Con la llegada de los romanos, el comercio peninsular se ve integrado en un mercado universal controlado desde Roma, lo que trajo consigo entre otras cosas, el aumento de la circulación monetaria: el denario romano y sus divisiones se convirtieron en la unidad monetaria, además de la moneda romana, se produce un auge en la acuñación de moneda de diversos puntos de la geografía, ya que los impuestos que había que pagar a Roma, debían hacerse en moneda.

“Se exporta de Turdetania (al sur de Hispania) mucho trigo y aceite. No sólo en cantidad, sino también muy bueno. También se exporta miel, cera, pez (…). Los barcos se fabrican allí de madera indígena. Además hay en Turdetania sal fósil y no pocos ríos salados. Además se hace no poca salazón de pescado. Antes ha venido de Turdetania también mucha tela para vestidos, pero hoy (viene solo) lana (…). Esta lana es de hermosura insuperable.” Estrabón. Geografía, libro III.

“Cuando los romanos conquistaron Iberia, muchos itálicos fueron a las minas y obtuvieron enormes riquezas. Compraban un gran número de esclavos, que entregaban a los encargados de las minas. Los propietarios de las minas de Hispania consiguieron grandes riquezas, como ellos esperaban (…).

Los mineros extraen fortunas increíbles para sus amos, mientras que ellos mismos agonizan trabajando día y noche, y muriendo, a menudo a causa de tantas penalidades. Para ellos no existe descanso o tregua en el trabajo, al contrario, pierden la vida quedando forzados a soportar la fatiga inhumana bajo los golpes de los capataces. Y aun aquellos que sobreviven, gracias a la fuerza de su cuerpo y a la energía de su espíritu, no alcanzan otra cosa que la miseria eterna. Para ellos es mejor la muerte que una vida tan penosa”. Diodoro Sículo, Historia primitiva de Roma, siglo I a.C.

La civilización romana permitió, con fines mercantiles y militares, que se construyesen a lo largo de la península una importante red de calzadas, que comunicarían la península, desde el Norte hasta el Sur, aunque posteriormente, tras la caída del aparato político de Roma cayesen en desuso, durante el periodo de presencia romana, fueron de gran ayuda (otra frase enrevesada). Las vías más importantes fueron tres, la Vía Augusta que recorría la costa mediterránea, la Vía de la Plata, que pasaba por Astorga- Mérida- Sevilla y la vía desde Astorga a Burdeos, que posteriormente se tomará como trazado inicial del Camino de Santiago.

El proceso de romanización comportó en lo social un desarrollo espectacular de la esclavitud. Los esclavos eran los habitantes de las ciudades indígenas que tras haber sido ocupadas se sublevaban. Muchos eran vendidos en los mercados de esclavos de la Bética, donde el trabajo servil estaba más extendido, otros eran vendidos en Italia o Galia. Su suerte era diversa, lo más penoso era el trabajo en las minas (un año de vida). Ante esta perspectiva muchos preferían el suicidio a la rendición. De todos modos, la sociedad romana trajo consigo la denominación de hispanos a todos los pueblos de la península.
El factor más importante de cohesión de los países es la cultura, en este caso, Roma llevó a cabo una labor de aculturación romana que se ha denominado romanización, introducida en Hispania (por vía pacífica o por la fuerza) de los elementos de su organización social, política y cultural. Estos elementos entran en relación con las sociedades indígenas, aunque imponiéndose los elementos romanos. Este proceso es más intenso en el este y el sur, y es débil en el norte montañoso, sobre todo País Vasco y Navarra. Los vehículos que usó Roma para este proceso de romanización fueron la difusión del latín: sólo subsistiendo el vascuence de las lenguas prerromanas existentes antes de la dominación; Los militares, funcionarios y comerciantes romanos que llegaron a Hispania y la fundación de numerosas ciudades, dirigidas por dos magistrados, los duunviros, y un senado del que forman parte miembros de la aristocracia local. De este proceso de aculturación dan buena cuenta algunos de los posteriores grandes hombres de la historia de Roma, como son Marco Fabio Quintiliano, Lucio Anneo Séneca, Lucano, Trajano, Adriano, Prudencio…
Como ya se ha dicho en varias ocasiones ya, Hispania fue el nombre con el que los romanos designaron al conjunto de la Península Ibérica. En un primer momento fue dividida en dos provincias: la Citerior (El norte hasta Cartagena) y la Ulterior (el sur). En el siglo I, en tiempos de Augusto fue dividida en tres provincias: Tarraconense, Bética y Lusitania con capitales en Tarraco, Córduba y Emérita Augusta. En tiempos de Diocleciano (finales del siglo III) quedó dividida en seis provincias: Gallaecia, Tarraconense, Bética, Lusitania, Cataginense y Mauritania Tingitana (norte de África). Por último en el siglo IV se añadió una nueva provincia, la Baleárica.

Mapa de España con las divisiones provinciales durante el Bajo y el Alto Imperio.

La dominación romana dota a la Península Ibérica de unas leyes y una organización jurídico-administrativa que la convierten en una provincia romana, delimitada por el “Solari Hispanii”. Esto es lo que se encuentran los visigodos (pueblo bárbaro, gran conocedor de las costumbres y vida romana) cuando son requeridos por Roma para someter a los pueblos barbaros asentados en la península (vándalos, alanos y suevos) en el 415 d.C.

Migración del pueblo visigodo. (Mas aquí)

Este contacto con Roma, les permite entrar en la Península Ibérica y luchar contra estos pueblos, así como salvaguardar los intereses de Roma, pero no es hasta el 476 d.C. cuando el pueblo godo no obra con total libertad. Tras la caída de Rómulo Augústulo, los godos crean un estado independiente con capitalidad en Toulouse (reino de Tolosa), desde esta ciudad gala hasta Gibraltar, pero pronto el dominio godo se ve restringido a la Península Ibérica, tras la derrota contra los francos en el 507 d.c. cuando establecen la capitalidad del reino en Toledo.

Reino Visigodo de Tolosa, con capital el Toulouse.

Ataúlfo, rey visigodo, pretende heredar plenamente el poder del Imperio Romano, remplazándolo por el Imperio Godo, pero al ser mandados a Hispania, los godos hacen de este espacio un poder único y total sobre este ámbito independiente y sustentado en parte por sus propios recursos. Ataúlfo fracasa en su empresa de apoderarse de la decadente Roma, pero de esta Hispania de tradición romano goda arranca el concepto histórico de España y bajo este se unifica y fija en concepto geográfico y el nombre con que se designa.

Se puede decir que con los visigodos se establece el primer gobierno unificado peninsular, pues durante la dominación romana, Hispania había estado subordinada al poder de Roma y antes los diferentes pueblos que poblaban la península no tenían la suficiente fuerza para agruparse como una entidad y estaban dispersos por la geografía española.

Reino suevo (s. V-VI)
Límites del Reino Suevo
Área con cambio de dominio
Límites de provincias romanas

Uno de los logros más significativos de la presencia visigoda en Hispania, fue sin duda el dominio de toda la Península Ibérica. Leovigildo combatió a los vascones y conquistó la plaza de Vitoria en el 581 d.c. pero para obtener todo el territorio debía acabar con el reino suevo de Galicia, lo que hace en el 585 d.c. Durante el reinado de Suintila, los visigodos consiguen hacerse con el terreno del levante que había caído en manos bizantinas. Suintila, según San Isidoro de Sevilla, fue “el primero que obtuvo el poder monárquico sobre toda la España peninsular”. Desde ahora los reyes se denominarían “reges Hispaniae”, llegando este término a equipararse con el de “reges gothorum”, con el que hasta ahora se había denominado a los monarcas godos. Esto significa que España ya no forma parte del antiguo Imperio Romano de Occidente, sino que constituye un reino propio.

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Mapa de España tras la conquista visigoda (excepto el reino suevo de Galicia)

Más tarde, con el reinado de Recaredo, los visigodos tomaron una importante decisión, abandonan la herejía arriana y acatan la ortodoxia católica, durante el tercer Concilio de Toledo. Este es un paso más para el establecimiento final de un reino unificado.

Auth. F. Fer. Oiea, Ord. Pred. A Don Pedro Fernandez de Castro y Andrade, Conde de Lemos, de Villalva y Andrade, Marques de Sarria &c. original de 1598. Primer mapa de Galicia realizado autónomamente


Las armas de Alfonso I (739-757) alcanzaron la línea del Duero liberando todas las tierras pertenecientes a la Gallaetia romana, que pasaron a formar parte del reino astur, acrecentándolo así en gran manera. Ya desde sus orígenes, el condado lucense pertenecía a ella, pues el propio Don Pelayo, de creer a Vicetto, acaudilló huestes entre el Masma y el Eo, merodeando en torno a las ruinas de Mondoñedo.

Al fundar Fruela I (757-768) Oviedo, centrose en las montañas astures la vieja monarquía, camino ya de la corte leonesa; con lo que surgió la inevitable rivalidad entre las dos partes, gallega y asturiana, a la que quisieron poto los reyes astures enviando a Galicia al príncipe heredero, estado de cosas que dura casi un siglo: la segunda mitad del IX y la primera parte del IX. Se trataba de un régimen especialísimo, destinado a contener a los preteridos nobles occidentales, y en el que el príncipe heredero gobernaba al reino en calidad de asociado al trono; parece que dictaban despachos incluso en nombre propio, o al menos tal puede deducirse de algún documento de Alfonso III concediendo mercedes a la Iglesia compostelana. Bien entendido que no se trataba de ninguna escisión política (como quiere hacer ver Vilar Ponte) sino de un expediente de gobierno.
Unida a la corona astur-leonesa siguió Galicia, bien que individualizada con el título de reino a parte; posición que seguirá invariable durante todo el medioevo, lo mismo cuando teorías patrimoniales justifiquen el escisionismo personal, como la que liquidará Alfonso VI aprisionando a su hermano García en 13 de febrero de 1073, como si la posible separación se deba a rivalidades rebeldes, cual la del infante Don Felipe al intentar alzarse por rey de Galicia durante la minoría de Alfonso XI. No fue parte de Castilla, sino que los reyes de esta se apellidaban reyes de Galicia, cumpliendo la forma política tradicional que liga lo vario con lo uno. ya desde la alta Edad Media la ordenación gubernamental prescribía el reconocimiento, de un lado, de la personalidad de Galicia y de otro, su condición de reino hispánico.
La erección de Compostela en centro religioso, mediante un largo caminar que arranca de traslado de Nicolas I (858-867) desde la sede de Iria Flavia a Santiago, a petición del obispo Adulfo II y por haber arruinado los normandos la iglesia de la capital, cuyos primero pasos se marcan por el traslado definitivo de Iria a Santiago, decretado por Urbano II a 5 de diciembre de 1095, por los viajes de obispo Gelmírez a Roma, donde recibe el palio en la basílica de San Lorenzo a 31 de octubre de 1104 y concluye con la decisión de hacerla metropolitana decretada por el vicario de Cristo a 25 de julio de 1120, sin pasos decisivos. El decreto de 1120 es la partida de bautismo del Reino de Galicia. Obra todo de la tenacidad de aquel prelado, pues tantas fueron las consecuencias de este ensalzamiento del sepulcro del Apóstol que quien lo llevó a cabo ha podido ser calificado de la más alta figura de la historia gallega.


Las consecuencias de la empresa de Gelmírez fueron inmensas. La fundamental, romper la integridad del occidente peninsular. se venía notando desde el siglo IX una diferenciación entra las zonas alta y baja de la Gallaecia antigua, diferencia definida por estar la norteña abrigada de las incursiones árabes y ser la inferior tierra fronteriza de escaramuzas y combate cotidiano. Hacia 841 se distinguen corrientemente ambas fajas de terreno y el sentimiento de separación alumbra definitivamente a través de la rivalidad entre las sedes de Santiago y Braga, de tantos efectos dado el tono religioso de la época. A Gelmírez se le debe la definitiva separación espiritual que unos años más tarde trasladará en escisión política en la primera ocasión que se le presente a la decidida voluntad de Alfonso Enríquez.
Tras la huella de Diego de Gelmírez, Galicia duerme un largo sueño político de cuatro siglos de pasar tranquilo, sin otras alteraciones que las rivalidades entre los nobles, degeneradas a veces en pequeñas luchas civiles; que tal es cosa sabida en país de multiforme nobleza, donde cada señor es un reyezuelo en miniatura.

Pincha para ver el mapa de 1784

Como nota curiosa, visita esta página, en donde se analiza la posibilidad de que el Reino de Galicia tubiese su propia cruz (de color azul) en las cruzadas.

 Links de interes:

» Rincon del Vago > Época Visigoda (409-711)
» Fillos de Galicia > O Reino Galego dos Suevos
» Página personal > Los Suevos: El Reino de Galicia
» Galipedia > Cronoloxía dos monarcas da dinastía sueva do Galliciense Regnum
» Mapa de Europa > Reinos de Europa, año 526

Mas mapas: http://es.wikipedia.org/wiki/Suevos

Del post: http://www.stormfront.org/forum/showthread.php?t=382254&page=6

Comentarios (1)

xurxo21 marzo 2009 at 20:27

A historia que está publica da é interesante pero ten moitas lagoas que se lees os clasicos ves que moitas veces son mesmo interesadas. A primeira é que Iberia e Hispania non son o mesmo (anque xa ahi por ahi un recato onde se ve, pois cando un referiase a iberia redefiase a toda a peninsula mentras que falando de Hispania, repferiase a costa mediterranea xunto cas terras mais ricas da peninsula que se daban entre os rios guadalquibir e taxo (o que hoxe poderíase coñecer coma Extremadura vella), o feito de mezclar as duas cousas soio foi poli interes politico do momento de “UNIFICAR” e “GLORIFICAR” a historia de España, xa que se ultiliza un xentilicio Hispania que non ten nada, pero que nada que ver co que é hoxe na actualidade.

O que tamén me parece incrible, é que se lle dea nesta vebre historia tanto conto aos Visigodos, cando na realidade na peninsula o único que fixeron foi guerrear contra os suevos, de feito polo 800 os visigodos estiveron a punto de ser aniquilados polos suevos quedando practicamente recluidos no que hoxe é sevilla, pero na batalla decisiva os suevos non foron quen de superalos, e dende ese punto soio perderon terreo ata practicamente desaparecer, poque a verdade é que os suevos na peninsula non eran demasidados calculas que non pasaban de 40.000 o que foi incrible é que tan poucos poideran facer tanto coma fixeron.

Outra cousa que parece incrible e que pasen tan por riba o paso dos visigodoa do arianismo ao cristianismo (non catolicismo coma moitos siguen dicindo), pero o digo porque ese decisión foi a postre que os visigodos dividiranse en dous e que o grupo principal foi o que trouxo aos bereveres a paninsula e con eles o Islam, co que na realidade non se trata dunha “invasión” se non unha nova loita interior esta vez entre os propios priceps “PRICEPS” pois os visigodos non tiberon nunca REIS que é outra mentira ben grande para GLORIFICAR a monarquía, sa que eles elexian quen ia a ser o seu dirixente unha vez que morrera o actual é nunca foi por ser “fillo de”.

Outra cousa é que nos escritos Romans nunca se fala de “Astures” nin “Cantabros”, qué outra falacia inventada para maior gloria esta vez “DO PRINCIPE DE ASTURIAS” he he he, soio parate a pensar ¿que son os astures e os cantabros na Kallakiekia e non Gallaecia da epoca?????, daquela soio había os pobos do norte, xa que ata a chegada de Xulio Cesar non se tiña ni un rexistro dos pobos que alí existian, e cando chegou Xulio xa foi para barrelos a todos. Pero mira soio unha cousa… ¿onde estaban os principais centros fortificados??? Artorga, Lugo, Leon, Braga, non en Xixon nen en Cangas de Onis, pero o que te decia…..

Coma ves a historia ainda ten moita “propaganda”…

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