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Ionizacion

Los iones son moléculas del aire que contienen pequeñas cargas eléctricas (positivas y negativas). Si una molécula pierde un electrón se carga positivamente y se le llama catión; mientras que si este electrón se une a una molécula normal, ésta queda cargada negativamente y se le llama anión.

En una atmósfera equilibrada se encuentran en una proporción de 5 positivos por cada 4 negativos. El aire que respiramos contiene iones y estos generan una sustancia neutra al entrar en contacto y producir con ello un intercambio de electrones. Los iones influyen notablemente en nuestros procesos biológicos y psíquicos. Un desequilibrio iónico del aire, con exceso de iones positivos es perjudicial para las plantas, los animales y el ser humano. Este desequilibrio nos puede provocar afecciones tales como dolor de cabeza, tendencia a la irritabilidad, insomnio y otros malestares. En las ciudades hay exceso de iones positivos a causa de la contaminación atmosférica; en el campo, la montaña y en las cercanías del mar es más fácil respirar un aire más equilibrado.

Son tristemente famosos los vientos con una alta carga de ionización positiva que tanto afecta al comportamiento de las personas que los soportan. Entre ellos podemos citar el Foehn o “viento de las brujas” que sopla en los Alpes suizos, el Mistral en Francia, el Sirocco en Italia, el Santa Ana en California o el Sharav en Jerusalén.

El ambiente con ionización altamente positiva producida por las radiaciones electromagnéticas favorece la aparición de radicales libres que dañan la membrana celular.

En 1960 el Dr. Krueger fue el primero en publicar sus investigaciones. Según su teoría, un exceso de iones positivos causaba una producción en exceso de serotonina en los mamíferos y que, inicialmente al menos, esto daba origen a una hiperactividad que rápidamente conduce al agotamiento, estado de ansiedad y tal vez depresión. También afirmaba que un exceso de iones negativos reduce la cantidad de serotonina en el cerebro medio, esto sería lo que aparentemente explica la acción tranquilizante de los iones negativos.

En cualquier dormitorio lo normal es que nos encontremos al menos con dos o más cruces Hartmann y sus líneas, uno o dos cruces Curry y sus líneas, y en algunos podríamos encontrar una vena de agua subterránea o incluso una chimenea cosmotelúrica. Independientemente de que alguna de estas energías telúricas se encuentren bajo la cama, en la vertical de todas ellas se genera una importante cantidad de iones positivos. Normalmente en invierno se ventila la casa y se cierran las ventanas; lo normal es que ese aire recién renovado contenga ya un mayor número de iones positivos. Salvo que tengáis la suerte de vivir lejos de la contaminación y rodeados de naturaleza, las energías telúricas de vuestra casa seguirán incansablemente generando iones positivos y los negativos, si no los aportamos artificialmente, careceremos de ellos.

Existen en el mercado ionizadores eléctricos que pueden ayudarnos a equilibrar el aire de la habitación en que se sitúen. La pantalla del ordenador y los televisores producen una gran cantidad de iones positivos, las plantas, la lluvia, las fuentes, la ducha y los grifos al romper las gotas de agua producen iones negativos. Las lámparas de sal de roca al calentarse también producen iones negativos; yo aconsejaría poner una mediana en cada dormitorio, al menos en invierno, conectada a un programador que la mantuviese encendida al menos cuatro horas antes de acostarnos, y, por supuesto, apartaría ordenador y televisor del dormitorio de los niños.

Fuente: http://www.radiestesiaysalud.com/ionizacion.htm

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